25.12.07


La Misa del gallo en el Vaticano

Miles de personas siguieron, desde el interior de la Basílica de San Pedro y a través de las pantallas gigantes instaladas en la Plaza, la Misa del Gallo celebrada por Benedicto XVI a las doce de la noche. Horas antes se había asomado al balcón de su estudio para encender una vela y bendecir a las personas congregadas bajo su ventana.
Durante el sermón, leído el italiano, el Papa Ratzinger destacó la gran paradoja de la Navidad: el mundo desea la cercanía de Dios, pero cuando Dios llega, no le recibe. "Llegó el momento que Israel esperaba desde hacía muchos siglos, durante tantas horas oscuras, el momento en cierto modo esperado por toda la humanidad con figuras todavía confusas: que Dios se preocupase por nosotros, que saliera de su ocultamiento, que el mundo alcanzara la salvación y que Él renovase todo", dijo el Pontífice al principio de su intervención. Para lamentar enseguida que, como cuenta el relato evangélico, "en la posada no había sitio.

En cierto modo, la humanidad espera a Dios, su cercanía. Pero cuando llega el momento, no tiene sitio para Él. Está tan ocupada consigo misma de forma tan exigente, que necesita todo el espacio y todo el tiempo para sus cosas y ya no queda nada para el otro, para el prójimo, para el pobre, para Dios. Y cuanto más se enriquecen los hombres, tanto más llenan todo de sí mismos y menos puede entrar el otro".

Por eso las palabras que dan inicio al Evangelio de San Juan: "Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron", se refieren "a nosotros, a cada persona y a la sociedad en su conjunto. ¿Tenemos tiempo para el prójimo que tiene necesidad de nuestra palabra, de mi palabra, de mi afecto? ¿Para aquel que sufre y necesita ayuda? ¿Para el prófugo o el refugiado que busca asilo? ¿Tenemos tiempo y espacio para Dios? ¿Puede entrar Él en nuestra vida? ¿Encuentra un lugar en nosotros o tenemos ocupado todo nuestro pensamiento, nuestro quehacer, nuestra vida, con nosotros mismos?".

Más adelante, Benedicto XVI citó a uno de los grandes Padres de la Iglesia, San Gregorio de Nisa, para unir a una interpretación clásica una interpretación también acorde con la sensibilidad medioambiental contemporánea, pues al comentar las palabras evangélicas: "Y puso su morada entre nosotros", dijo el Papa que "Gregorio aplica esta palabra de la morada a nuestro cuerpo, deteriorado y débil; expuesto por todas partes al dolor y al sufrimiento. Y la aplica a todo el cosmos, herido y desfigurado por el pecado. ¿Qué habría dicho si hubiese visto las condiciones en las que hoy se encuentra la tierra a causa del abuso de las fuentes de energía y de su explotación egoísta y sin ningún reparo?".

Al mediodía de la Navidad, el Papa impartirá la tradicional bendición Urbi et Orbi.

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